Ramon Llull - Ilustración de Marcia Díaz

Reconociendo a Ramon Llull


“Mas mi pasión por Ramon Lull es pasión vieja, perfumada de siglos, de verso y de conseja.”


Rubén Darío, Epístola a la señora de Lugones

I

Hacer una presentación en tres o cuatro páginas del pensamiento de Ramon Llull es una tarea imposible. Sería como intentar meter todo un universo múltiple y complejo en unas cuantas líneas simples. Sin embargo, quizá, es precisamente esta imposibilidad el punto de encuentro entre este escrito, ciertamente pobre, con la obra de Llull; una obra cuyo espíritu siempre estuvo a la saga de meter el universo complejo en figuras simples. Estas figuras simples las buscó Llull en diversos lugares: círculos, cuadrados y triángulos, en el llamado Arte; árboles, en obras enciclopédicas, en especial en el Árbol de la ciencia; nombres, en los Nombres de Dios; poesías en diversas oportunidades, pero sobre todo en El libro del amigo y del amado, uno de los puntos más altos de la poesía medieval… Y así se podría seguir, haciendo una lista de sus diversas imágenes y sus diversos intereses que abarcan tanto la lógica como la astronomía, la geometría como las novelas y los tratados de caballería.

Vivió Ramon Llull en tiempos y lugares privilegiados. Su vida es eminentemente mediterránea y va desde ca. 1232 hasta 1316. Nace en Mallorca, una isla recientemente conquistada a los árabes por el rey cristiano Jaume I. Pese a la conquista, la presencia de la cultura árabe y judía sigue con fuerza en Mallorca, razón por la cual Llull entablará diálogos con estas dos culturas, adoptando sus imágenes y sus modos de expresión. De hecho, todavía sigue el debate sobre si Llull escribió o no obras en árabe. Pero más allá de esto, lo que sí es cierto es que tenía un gran conocimiento de ambas culturas, y su interés principal era crear puentes entre ellas. Estos puentes los lleva a cabo bien por medio del diálogo, como hace en El libro del gentil, donde discuten tres sabios (un árabe, un judío y un cristiano) y un filósofo neutral media entre ellos; bien por medio de las imágenes: pensadores como Ibn Arabi o Abraham Abulafia habían usado ya imágenes diagramáticas y poéticas similares a las Llull, y seguramente fueron inspiración para su proyecto.

Sin embargo, si bien el acento en la obra de Llull está del lado del diálogo, no podemos idealizar desde este acento toda su labor. Un buen resumen de la integralidad de su actitud frente a los llamados infieles lo hace él mismo en El Extravagante, al exponer los tres puntos que quisiera comunicar al Papa: 1. Fundar centros de estudios de lenguas para la predicación; 2. Establecer una orden militar única que permanezca combatiendo a los infieles, hasta que Tierra Santa fuese devuelta a los cristianos; 3. Extinguir de raíz los “errores de Averroes” sembrados en la Universidad de París. (Cfr. Llull 2012, p.181) El segundo y tercer punto no son extraños en su contexto cultural, es el primero aquel que resalta, pues aquí el problema del encuentro con el otro no se restringe a una negación, sino que precisa un involucramiento con la nueva cultura, precisa aprender sus costumbres e idiomas.


Averroes (1126-1198) fue un filósofo y médico español andalusí. Además de elaborar una enciclopedia médica, escribió comentarios sobre la obra de Aristóteles; de ahí que fue conocido como «el Comentador»

Ciertamente Llull profundiza en una serie de diálogos que ya existían en su contexto cultural, ejemplificados por el debate entre judíos y cristianos en la llamada Disputa de Barcelona de 1263. Por otro lado, y como contraste, eran populares también las posiciones en defensa de la guerra justa, basadas sobre todo en las Cuestiones sobre el Heptateuco (Lib. VI, quest. 10) de San Agustín (354-430). Mapear el contexto cultural de Llull nos ayuda a ver los diferentes niveles en su obra: encuentro con el otro desde el diálogo, vencer al enemigo por medio de la violencia, eliminar los errores en el corazón del propio pensamiento[1]. De estos tres, es el primero el eje que vertebra a los otros dos.

De todas las formas en que trató de Llull de entablar diálogos con judíos y árabes, para convertirles a la religión cristiana, fue el Arte aquel al que más dedicó esfuerzo y es su producto más acabado e influyente. El Arte, si bien tuvo cambios importantes a lo largo del tiempo, se puede resumir de la siguiente manera: si aceptamos que el universo, y el conocimiento que tenemos de él, no es más que la combinación de ciertos elementos simples, llámense agua, tierra, fuego… en el caso material, o en el caso metafísico: verdad, bondad, potencia… Entonces el método correcto de conocimiento ha de ser aquel que logre dar con las combinaciones precisas entre elementos. Así, el Arte es el método combinatorio, desplegado a través de figuras, que nos permite desarrollar relaciones entre conceptos simples por medio de la formación de proposiciones.

Este método puede parecer bastante artificial a primera vista, pero si vemos más de fondo veremos una lógica profunda y liberadora. Profunda, porque Llull trata de reproducir la manera en que funciona naturalmente el conocimiento, en un método humano. Es decir, imita por medio de su arte una realidad natural para poder ampliar nuestro conocimiento. Liberadora, porque no recurre a textos de autoridades, o a tradiciones inamovibles, sino que precisa solamente de la persona y su razón. Si bien el Arte fue creado para convertir infieles al cristianismo, también se enfocó en el crecimiento del conocimiento individual. La confianza de Llull está puesta en la razón, no en la mera fe ciega.

II


Figura Primera del Arte Breve. Imagen hallada en: Pedro Jerónimo Sánchez. Generalis et admirabilis methodus ad omnes scientias facilius et scitius… Editor: Per Carolum à Lauayen, 1619, p. 21

Ampliemos esto con un ejemplo. Tenemos tres imágenes, que encontramos al final del escrito: la Figura A, del Ars Brevis; la Cuarta Figura, del mismo libro; y la Escalera del entendimiento del Libro del ascenso y el descenso del entendimiento. La Figura A relaciona entre sí las cualidades perfectas de Dios. Dado que Dios es unidad y a la vez multiplicidad (uno y trino), es preciso que su representación gráfica de muestra de estas cualidades encontradas.


Escalera del entendimiento. Imagen hallada en: Llull, Ramon. Libro del ascenso y el descenso del entendimiento. Ediciones Orbis, S.A. Madrid, 1985.

La unidad aquí está en el círculo[2] y la división en los diferentes conceptos que le componen. Además, para dar a entender que cada concepto es igual en perfección al otro, Llull los relaciona entre sí, todos con todos, por medio de relaciones sujeto-predicado. De esta manera, las relaciones entre las casillas Voluntad y Verdad dan dos enunciados: la voluntad es verdadera y la verdad es voluntariosa. Pero como Llull sabe que el conocimiento no es estático y no se reduce a oraciones de dos elementos, desarrolla la Cuarta Figura, que no está compuesta por un círculo sino por tres, de los cuales los dos círculos interiores se mueven mientras el exterior permanece estable. Los tres círculos tienen divisiones, y cada división tiene un concepto. A medida que se mueven los círculos interiores (esto es lo que se llama un volvelle) van creando diferentes relaciones de tres términos, que trabajan con preguntas complejas como: “¿Alguna bondad [primer término] es infinitamente grande [segundo término] como la eternidad [tercer término]?” A lo que se ha de responder “que sí, pues de lo contrario toda la grandeza de la eternidad no sería buena.” (Llull, 2004 p.113) Si bien se puede seguir pensando en la ingenuidad y la inutilidad del Arte, son rescatables, sobre todo, dos puntos. El primero, que se entienda el proceso de conocimiento no como una línea recta, sino como un ir y venir entre combinaciones. El segundo, que el conocimiento no es estático, no es una tabla en la cual se va escribiendo, sino que es un proceso móvil de combinaciones. Al usar el Arte vemos una versión pequeña y material del proceso de entendimiento que sucede simultáneamente en nosotros. El Arte es una imagen del entendimiento, y el entendimiento va entendiendo a medida que se ve reflejado en dicha imagen.


Escalera del entendimiento. Imagen hallada en: Llull, Ramon. Libro del ascenso y el descenso del entendimiento. Ediciones Orbis, S.A. Madrid, 1985.

Pero como bien se sabe, pese a las dudas de Descartes, hay un mundo exterior. Ese mundo exterior es múltiple y está organizado de manera jerárquica, según la tradición que viene de Platón y Aristóteles. Así, la Escalera del entendimiento organiza los seres del mundo desde el más imperfecto (piedra) al más perfecto (Dios). El entendimiento sube la escalera, hasta llegar a la perfección, pero éste no es un camino fácil. Cada uno de los escalones tiene lo que llama Llull “secretos”, estas son las categorías que conforman su ser: naturaleza, accidente, especie, género… De manera que dentro de cada uno de los seres, es decir, de cada escalón, hay a su vez otra escalera de sus secretos. Pero el problema no termina ahí, dado que las personas tenemos diferentes formas de acercarnos a los seres para conocerles. Así, hay otra escalera en nosotros a la hora de entender las escalas en un ser que pertenece a la escala de los seres. Esta escala interior tiene como algunos de sus escalones lo sensible, lo imaginable y lo inteligible[3].

A medida que subimos somos más abstractos. Para conocer un ser hemos de poner en marcha estas tres escaleras, y combinar los datos que surgen de cada uno de los escalones, teniendo así un conocimiento integral del ser. Esto ya no suena tan ingenuo: para conocer algo tan sencillo como el agua hemos de experimentarla por medio de los sentidos, después abstraer de ella sus cualidades que la diferencian, y ver, por último, cómo estas diversas cualidades se integran en un único concepto inteligible. De la síntesis que nos da los sentidos, al análisis de la imaginación, a la síntesis final de lo inteligible. Todo ello se da por medio de la combinatoria que une y desune a la vez. Y si al final quedamos con un epistemológico sinsabor, siempre podemos usar el método combinatorio para hacer poesía, como sugiere Borges, y divertirnos cambiando términos para terminar diciendo que el tigre es naranjamente azul o blancamente naranja.

Pero más allá del Arte, método que puede parecer bastante alejado de la realidad, Llull no era ingenuo ante una realidad conflictiva y desordenada. Por eso uno de sus modos de expresión más fuertes y recurrentes fue la literatura. De hecho, fue la primera persona en darle dignidad literaria al idioma catalán. Con esto vemos un movimiento pendular interesante: él puede discutir con los teólogos en sus términos abstractos en latín, pero también puede hablar con el pueblo llano en su lengua vernácula. Son varios los ejercicios literarios de Llull, tanto en poesía como en novela. En cuanto a las últimas podemos nombrar las más conocidas: Blanquerna o el Libro de las maravillas. Entre los libros de poemas tenemos El libro del amigo y del amado y el Libro del desconsuelo. Varios fragmentos de gran hermosura pueden ser citados, pero me quedo aquí con este pequeño: “… más cerca del amor está el suspiro que la nieve de la blancura” (Llull 2014, §38 p.65).

De nuevo vemos el movimiento pendular de Llull: del universo claro del conocimiento, a los juegos nebulosos del sentimiento. Entiende Llull que la forma en la cual nos acercamos al mundo no es solamente por medio de conceptos bien definidos, sino por medio de imágenes, de metáforas, que le van dando sentido a la experiencia. Vimos entonces cómo Llull nos invita a entender la verdad por medio de sus relaciones con la voluntad y las otras dignidades divinas, en el Arte, y ahora en su poesía vemos las relaciones iluminadoras entre naturaleza y sentimientos, por medio de relaciones metafóricas: “El amor es un mar atribulado por olas y vientos, que carece de puerto y de orillas.” (Llull 2014, §228 p.183) O: “… el amor es el árbol; amar, el fruto; y los trabajos y las penas, las flores y las hojas.” (Llull 2014, §84 p.95) Si había sospecha de simpleza en Llull espero que estas citas hayan mostrado cómo en él el conocer es un ejercicio complejo, y la combinación no un hecho fútil sino profundo y cotidiano. ¿No hacemos en el habla cotidiana combinaciones que parecen contradictorias, pero que realmente son importantes puntos de orientación en el mundo?, ¿no hablamos de sol de lluvia?

La novedad de Llull, frente a la fría escolástica de las universidades de la Francia e Inglaterra medievales, es notoria y él lo sabía. Por ello, una de las palabras más recurrentes en los títulos de sus obras es nova: Logica Nova, Geometria Nova, Retorica Nova… Llull pretende que su nuevo método sea universal y se pueda aplicar a diferentes ramas del conocimiento: bien teórico, como la lógica, bien práctico, como el derecho. Muchos de sus discípulos creyeron fielmente en este nuevo método y en su capacidad de aplicarse a diferentes ámbitos. Sin embargo, con el tiempo fue decayendo la figura de Llull y la importancia de su Arte. Pero dicha decadencia no se dio sin antes haber contagiado a aquel en quien iba a perdurar, de callada manera, su espíritu combinatorio: Gottfried Leibniz. En su juventud Leibniz escribió un pequeño tratado llamado Dissertatio de arte combinatoria, en el cual seguía el método de Llull. Curiosamente este escrito habría de ser importante en la consolidación de una rama filosófica que buscaba romper con todo misticismo y metafísica: el círculo de Viena. Irónicos los movimientos de la historia, de la cual Marx dirá que unas veces viene como tragedia y otras como farsa.

III

Imagen relacionada

Escultura de Ramon Llull, de Pere de Sant Joan (1398). En la iglesia de San Miguel de Palma

Entre farsas y tragedias llegaría el pensamiento de Llull, en tres tiempos diferentes, a América latina. El primer momento fue en la época colonial, cuando algunos religiosos trajeron consigo obras de Llull o de lulistas. Lastimosamente el estudio de estos libros, muchos de los cuales están abandonados a la crítica roedora de los ratones en los anaqueles de las bibliotecas de Latinoamérica, no se ha llevado de una manera seria. La falta de interés por estos libros va en directa oposición a la enorme cantidad que de ellos tenemos. Destacan sobre todo los acervos bibliográficos de México, Colombia, Cuba y Ecuador, donde hay libros importantísimos, algunos de los cuales con páginas adicionales que no tienen los ejemplares europeos. El estudio de estos libros se ha ido haciendo poco a poco, ya México tiene investigaciones muy importantes, y en Colombia se está tratando de hacer algo. Este primer período de recepción de Llull termina con las guerras de independencia a principios del siglo XIX.

El segundo ciclo empezará a finales del siglo XIX, cuando Llull despierta de nuevo un interés en pensadores españoles de diferentes lados del espectro intelectual: Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Menéndez y Pelayo, Ortega y Gasset… Este interés cruzará el Atlántico y contagiará sobre todo a círculos literarios. En un primer momento se podría pensar que la figura de Llull fue rápidamente olvidada, o adoptada mediocremente por figuras medianas. Pero resulta que no fue así. Una persona atenta, con cierta curiosidad por la literatura latinoamericana, puede preguntarse: “¿Quién es ese tal Lulio, o Llull, que repetidamente encuentro en ideas y poemas perdidos de Rubén Darío (Nicaragua) y su amigo Amado Nervo (México), en Octavio Paz (México), Gabriela Mistral (Chile), Lezama Lima (Cuba), León de Greiff (Colombia) y Eduardo Carranza (Colombia); en un texto algo irónico, pero ciertamente elogioso, de Borges (Argentina), y en un melancólico libro de Fernando González (Colombia)?” También, si sigue recordando, verá dicha persona curiosa que también está Llull en una obrita de Alejo Carpentier (Cuba) y en un mamotreto de Roberto Bolaño (Chile-México); en algunos textos de Alfonso Reyes (México) y José Enrique Rodó (Uruguay); además de una fuerte resemblanza del proyecto del arte luliano, aún cuando su nombre permanece mudo, en cierto lugar de Cien años de soledad, en el despliegue de Rayuela y en la obra de Xul Solar (Argentina). Qué fortaleza la de ese tal Llull o Lulio para sobrevivir siempre… ¡y sin que nadie aún le conozca!

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Detalle de una miniatura de Ramon Llull del Breviculum de Karlsruhe, códice del siglo XIV sobre la vida del pensador mallorquín. / Any Llull

Unas golondrinas no hacen verano, dirán con razón. Sin embargo no deja de ser curioso que la lista aumente pese a los malos augurios: Leopoldo Lugones y Leopoldo Marechal (Argentina), Nicanor Parra y Vicente Huidobro (Chile), Mariano Picón-Salas y Rufino Blanco Fombona (Venezuela), Rafael Gutiérrez Girardot (Colombia), Ramon López Velarde (México), Augusto Monterroso (Honduras-Guatemala) y Rafael Arévalo Martínez (Guatemala). Y tengase presente que aquí sólo están consignados las menciones a Llull de finales del siglo XIX y el siglo XX. Otro mundo, más interesante quizá, seguro más oscuro, se encuentra en el período colonial de nuestras américas, ¡y es que las raíces de Llull llegan hasta la obra de Sor Juana Inés de la Cruz y el Inca Garcilaso de la Vega! Con algo de suerte haya habido sorpresa cuando se leyeron todas estas estrellas sueltas, pero la magia espera al ejercicio posterior: el lanzar la red, crear constelación, para entender las presencias lulianas en la literatura latinoamericana desde finales del XIX hasta, más o menos, finales del siglo XX.

Dada la sana incredulidad de la persona que lee (¡¿Cómo se me pudo escapar el nombre de Llull si tanto he leído a estas personas?!), después del enorme abanico de nombres desplegado en una pequeña parte de su posibilidad, desciendo a algunos casos concretos, como le gustaría a Llull. El caso de Rubén Darío es el más interesante, de hecho la relación con Llull ya ha sido tratada hablando sobre su estancia en Palma de Mallorca[4]. En primer lugar destaca aquella mención que hace en la parte LXI de su Autobiografía: “[…] pasé frente a la cueva en que oró Raymundio Lulio, el ermitaño y caballero que llevaba en su espíritu la suma del Universo.” (Darío 1958, p.67) Otra mención, pero con tintes de pesimismo, la encontramos en el cuento El rubí. Dada esta relación entre Llull y Darío es curioso que Eduardo Carranza les junte en un pequeño escrito, cuya versión manuscrita se encuentra en la Biblioteca Nacional de Colombia [F. CARRANZA 17 PZA. 28] y que en una de sus partes dice: “… del mar de Homero y de Raimundo Lulio y del mar de Rubén Darío, del luminoso Atlántico platónico…” En León de Greiff el nombre de Llull deja la sublime mar para irse en un río de palabras: “Juglar de risas estentóreas (de los ayes vino por los Layes)/ y hay que ver que vendrá para los Julios -fuera de los Raimundos Lulios)”. (De Greiff 2007, p.347).

Yendo al sur del continente encontramos que el escrito más detallado que hace Gabriela Mistral sobre Llull se encuentra en unos papeles que, hasta donde sé, permanecen inéditos en su versión manuscrita. Este escrito lleva el nombre Semblanza sobre el teólogo, filósofo y poeta español Raimundo Lulio y está en la Biblioteca Nacional de Chile [BND id. 139529], con una versión en digital. Aparte de este manuscrito hay otras menciones menores como aquella que hace en el texto Genocidio: “Cada vez me asombré, quedándome perpleja o espantada con el asombro que atribuyen a Raimundo Lulio cuando vio el seno podrido de la mujer que amaba.” (Mistral 2013) A este mismo momento se referirá así Fernando Gonzáles en Viaje a pie: “Igual desilución sufrió Raimundo Lulio cuando su amada le mostró, para apaciguarle el ardor bélicoamoroso, un seno canceroso. El dejó de creer en las mujeres y se hizo monje.” (González 1929, p.150-151) Sigamos una vez más la impresión americana de este momento, ahora en José Enrique Rodó: “[…] esas súbitas conversiones de la voluntad que, por la avasalladora virtud de una emoción instantánea, remueven y rehacen para siempre la endurecida obra de la naturaleza o la costumbre: Pablo de Tarso herido por el fuego del cielo, Raimundo Lulio develando el ulcerado pecho de su Blanca”. (Rodó 1953, p.254)

Si la lectora o el lector tuviese alguna desviación hacia la erudición, cosa nunca deseable, habrá visto que, tras algunas insinuaciones en el maestro javeriano Juan Martínez de Ripalda (1641-1707), y algunos libros en la biblioteca de José Celestino Mutis (1732-1808), quizá la primera mención directa de Ramon Llull desde Colombia se hizo en Octubre de 1917 por Franco Quijano (1896-1973). Poeta e historiador graciosamente célebre por haber confundido a la crítica con el supuesto descubrimiento del primer poema romance escrito en Colombia, datado en 1538; la verdad es que este romance salió de su pluma en 1919 (Cfr. Beutler 1962, p.351 y p.399). En su texto Suárez el eximio en Colombia dice Franco Quijano:

“Caballero andante de la filosofía, Raimundo Lulio es el investigador español por excelencia. Anidó en su corazón la inquietud de la raza; enamorado y penitente, bibliógrafo y mártir, igual que esgrimió la pluma contra Averroes, hubiera esgrimido la espada del cruzado, o caládose el yelmo del conquistador del Nuevo Mundo.” (Quijano 1962, p.408)[5]

Si la erudición más que desviación fuese enfermedad, entonces se habría hallado resemblanza del quehacer luliano en la primera novela hispanoamericana, escrita por el bogotano Pedro Solís y Valenzuela (1624-1711), y que lleva por nombre El desierto prodigioso y prodigio del desierto[6]; también se pudo haber presentido sombras lulianas en versos de la madre Francisca Josefa del Castillo (1671-1742).

IV

El tercer ciclo crece poco a poco, y tiene su origen sobre todo en la academia. En Colombia tenemos la suerte de contar con los excelentes trabajos de José Higuera Rubio y Fernando Zalamea. Como dije más arriba, México tiene una gran pléyade de especialistas en el pensamiento de Llull, que vienen, en el contexto contemporáneo, por lo menos desde los maestros exiliados por la Guerra Civil como Joaquín y Ramón Xirau. En Brasil destaca el trabajo de Esteve Jaulent. Este tercer ciclo propende por una mirada más integral y rigurosa de Llull. Ya no es el mero interés por el beato hermético, como en la Colonia, o el viajero erudito de un arte inútil, como a finales del siglo XIX y parte del XX. Nuestra visión se ha vuelto más integral.

Es por eso que considero el estudio de Llull, desde este tiempo y esta tierra, no como un mero “conocimiento” frío sino como un “re-conocimiento” después de años de encuentros, desencuentros y reencuentros. Pareciese que nos topamos por primera vez con Llull, pero resulta que no, su fantasma recorrió y recorre América Latina. Ciertas fuerzas poético-filosóficas han acogido a este fantasma desde México hasta Chile, pasando por el Caribe; imagen enriquecida del Mediterráneo de imaginación[7]. Sin embargo, pese a haber pasado entre algunas de las mejores bocas de nuestra tierra, ha tenido el descaro de permanecer mudo. Volvamos, pues, a Llull y hagamosle hablar. Reconozcamos de nuevo su obra, esta vez con algo más de integralidad y contundencia. Encontrémonos con él, sabiendo que el primer encuentro siempre será un reencuentro.

Nicolás Martínez Bejarano
Para la Revista El Cachaco


[1] Un ejemplo interesante para ver la coexistencia de guerra y polémica teórica entre las partes en conflicto, y cercano al tiempo de Llull, está en: Muslim-Christian Polemic during the Crusades. The Letter from the People of Cyprus and Ibn Abi Talib al-Dimashqi’s Response. Editado por Rifaat Y. Ebied y David Thomas (Brill. Leiden, Boston 2005).

[2] Si bien parece en la imagen que son tres círculos, en realidad los tres pertenecen a un mismo nivel. Para Llull la letra que identifica el atributo de Dios, el atributo mismo y su llamado correlativo, comparten identidad. Por ejemplo: I, Verdad, Verdadero; es una sola casilla, no tres. Lo mismo B, Bondad y Bueno.

[3] La imagen en este texto representa una escalera y dos círculos, si bien esta es la imagen canónica de El libro del ascenso y el descenso… no es una imagen del todo fiel al pensamiento de Llull en esta obra, de hecho no es una imagen que él haya hecho, sino una interpretación posterior.

[4] Para profundizar ver: Noemí Montetes y Joan Santanach, Llull en Darío: ¿una pasión vieja? En Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 796 (octubre 2016) pp.32-47. Y: Lahmann, Enrique Macaya. Rubén Darío en Mallorca. En Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 212-213 (agosto-septiembre 1967) pp.490-505.

[5] La cita es tomada de: Beutler, Gisela. El Romance Ximénez de Quesada ¿primer romance colombiano? En Thesaurus Tomo XVII Núm. 2 (1962). La fuente principal es: Franco Quijano. Suárez el Eximio en Colombia, en Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, vol. XIII, núm. 129 (octubre de 1917), pág. 587

[6] Un breve estudio sobre esta posible relación la encontramos en el libro de Álvaro Pineda Botero, La fábula y el desastre: estudios críticos sobre la novela colombiana, 1650-1931. Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín, 1999. pp.84-92.

[7] En aras de la justicia poética he de decir que la idea del Caribe como imagen del Mediterráneo la tomo de Germán Arciniegas, y la idea “Mediterráneo de imaginación” de Arturo Uslar Pietri.


Bibliografía

-Beutler, Gisela. El Romance Ximénez de Quesada ¿primer romance colombiano? En Thesaurus Tomo XVII Núm. 2 (1962).

-Darío, Rubén. Autobiografía. En: Obras Completas. Poesías. Ediciones Anaconda. Buenos Aires, 1958.

-de Greiff, León. Obras completas. Vieja y novísima, Preluidio-Postulio p.380. Tomado de: Macías, Luis Fernando y Velásquez, Miriam. Glosario de referencias léxicas y culturales en la obra de León de Greiff. Entrada Lulio, Raimundo. Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín 2007.

-González, Fernando. Viaje a pie. Editorial Bedout. Medellín, 1929.

-Mistral, Gabriela. Caminando se siembra. Prosas inéditas. Lumen, 2013.
-Ramon Llull. Arte breve. Ediciones Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA), Navarra – España, 2004.

-Ramon Llull. Libro del amigo y del amado. Pre-Textos / Barcino, Barcelona, 2014.

-Ramon Llull. El Extravagante. En Ramon Llull: Cuatro Obras. Ed. J. Butña, UNED. Madrid, 2012.

-Rodó, José Enrique. Mi retablo de Navidad. Tomado de: Albarrán, Glicerio. El pensamiento de José Enrique Rodó. Ediciones Cultura Hispánica. Madrid, 1953.

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