Medianeras, Una Chick Flick Argentina

Una chick flick argentina

Las medianeras muestran nuestro costado más miserable, reflejan nuestra inconstancia, las grietas, las soluciones provisorias, es la basura que escondemos debajo de la alfombra…

El monoambiente de Martín y el de Mariana, protagonistas de la película, son el ejemplo de la independencia contemporánea en las grandes ciudades: cajones personalizados y costosos que se convierten en un cultivo del aislamiento y por ende de soledad. Él diseña páginas web y sale de su casa para lo necesario porque, básicamente, es un antisocial hipocondríaco. Ella es una arquitecta que se dedica a decorar vidrieras y tiene su apartamento lleno de maniquíes; su única compañía. A ellos sólo los separa una medianera, esa horrible pared de los costados de los edificios. Pero más que encontrarse y terminar en una hermosa historia de amor, esta película del argentino Gustavo Taretto tiene como pretexto un viaje por los edificios de Buenos Aires. Es una comedia joven, deprimente, burlesca e inteligente.

Medianeras (2011), protagonizada por Javier Drolas y Pilar López de Ayala –conocida por su papel en La ciudad de Sylvia (2007) de José Luis Guerín-, es la ópera prima de Taretto y al parecer su única película decente. Su filmografía no es muy extensa pero sí elucida su natural afición a la ciudad y a la fotografía, ya que desde que era muy pequeño su padre le obsequió una cámara fotográfica y a partir de allí, resguardándose tras el lente a causa de su timidez, empezó a enamorarse de las sillas, las calles, las paredes, los cables y, en últimas, de la ciudad que se va absorbiendo a los personajes que la habitan.

Ineludiblemente se encuentra una crítica a las desaforadas e invasoras construcciones que se van erigiendo en toda la ciudad, lo cual no se aleja de nuestra realidad bogotana. Frases como: ¿quién fue el genio que ideó tapar el río con edificios y el cielo con cables? o, el internet me acercó al mundo pero me alejó de la vida, reafirman que hay un desconsuelo porque se ha dejado de lado lo realmente importante en las relaciones humanas: la comunicación. Sin embargo, para no dejar a Medianeras en una banal crítica a la sociedad, porque no lo es, cabe resaltar el trabajo de Taretto por abrirse espacio entre el esmog y la multitud para mostrar una historia sencilla y bien lograda donde nos regala un viaje turístico por la desenfrenada e idílica capital argentina: por el planetario Galileo Galilei que parece un platillo volador que acaba de aterrizar y la irónica historia que esconde el edificio Kavanagh.

Medianeras es un diario de la vida y los gustos de Taretto, por eso está llena de referencias, ¿o de elementos prestados? Al Woody Allen de Manhattan (1979) lo reconocemos en la fobia a todo de Martín, en su torpeza e incomodidad al hablar con otros. Convertir los espacios en personajes y pensarse las referencias arquitectónicas y las historias de la ciudad, se lo debe Taretto a uno de sus mayores amores: Jaques Tati. Y la puesta en escena, por esa natural superficialidad, con la constante voz en off junto a esa suerte de desesperación mental de los personajes es tomada del estadounidense, contemporáneo y también incomprendido Wes Anderson.

En la Cátedra Bogotá 2013: Cine, Ciudad y Memoria, organizada por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, comprendí lo que a Gustavo Taretto le aquejaba mostrar en su chick flick argentina: la desnaturalización de la ciudad y cómo la tecnología nos ha distraído hasta de encontrar el amor. La historia se mide en megas y en la cantidad de recursos que tiene el adulto contemporáneo para eludir una vida en sociedad, especialmente Martín. Medianeras es una película que se disfruta de comienzo a fin si les gusta el acento argentino. Sirve también para pasar tusas, entrepiernarse un domingo y para cantar a grito herido Ain’t no mountain high enough interpretada por el sensual  Marvin Gaye y Tammi Terrell. Entre esas paredes que todos quisieran esconder simpatizamos con esas historias que suenan a teclas de computador y que anhelan serendipia.

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Viv.ácida

Amo la relación incestuosa entre el cine y la filosofía... Y los marranos.

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