Ninguno

Ninguno

Intenté limpiar mi computador, averiguar por qué no corría ni corre a la velocidad adecuada. En medio de la pesquisa me di cuenta que tenía casi 1,12 GB en una carpeta que se llama morton feldman. Tras corregir las minúsculas recordé lo extraño que me había parecido la música de Feldman. La volví a reproducir bafles a toda. Mamá cocinaba. Escuché los platos devuelta al lavaplatos, la vi asomarse, mirar el equipo de sonido, mirarme, volver a mirar el equipo esta vez aguzando el oído y luego: ‘lo desconozco Cristian…con decirle que prefiero esa música satánica que usted pone’. Yo creo que mi mamá tiene un punto.

La música de Feldman es una música chiquita, casi ambiental, de sonidos extraños que regresan sin cesar y que no suelen ser los mismos. De las subcarpetas allí, quiero hablarles de una en especial, una con un solo track de 50 minutos y 25 segundos de duración que se llama Neither (Words by Samuel Beckett). A Feldman el encargaron una ópera y fue a ver Beckett, pero apenas se conocieron. Al parecer intercambiaron palabras en una café de París, Beckett tomó cerveza y habló de lo poco que le gustaba la ópera. Feldman concordó. Beckett no entendía qué quería Feldman, Feldman tampoco. Beckett dijo que en su vida sólo había un tema y escribió sobre el papel

To and fro in shadow, from outer shadow to inner shadow. To and fro, between unattainable self and unattainable non-self.

Que yo voy a tratar de traducir torpemente (thanks Google):

Ir y venir en la sombra, de la sombra exterior a la sombra interior. Ir y venir, entre inalcanzable yo e inalcanzable no-yo.

Meses después, Feldman recibió una carta con unas palabras del puño de Beckett. No se sabe si es un poema (o un libreto), pero se llama Neither (Ninguno):

 

to and fro in shadow from inner to outer shadow

from impenetrable self to impenetrable unself
by way of neither

as between two lit refuges whose doors once
neared gently close, once away turned from
gently part again

beckoned back and forth and turned away

heedless of the way, intent on the one gleam
or the other

unheard footfalls only sound

till at last halt for good, absent for good
from self and other

then no sound

then gently light unfading on that unheeded
neither

unspeakable home

ir y venir en sombra de la sombra interna a la externa

del impenetrable yo al impenetrable no yo
camino de ninguno

como entre dos refugios iluminados cuyas puertas una vez
acercadas cierran suavemente, una vez alejadas
parten suavemente de nuevo

llamadas hacia atrás y adelante y se alejan

descuidando al camino, atentas a un destello
o al otro

pisadas no oídas sólo sonido

hasta que al fin se detienen de una buena vez, ausentes de una buena vez
del yo y del otro

luego ningún sonido

luego suavemente luz inagotable sobre ese desatendido
ninguno

indecible hogar

 

Feldman hizo música la pieza. Orquesta y soprano se ejercitan sin pausa extrayendo del silencio unas repeticiones que no son nunca ellas mismas. Para tratar de asirla he pensado en que uno va por la calle, audífonos y radio encendidos, sintonizas una emisora y reconoces los últimos segundos de una canción. Imaginen que eso pasa muchas veces, que no puedes escuchar sino el final de todas las canciones. Esa pieza de Feldman es así: lo que traen orquesta y soprano del borde del silencio es una música que siempre se está acabando, que siempre se está yendo de los oídos, (aunque al contrario de mi ejemplo no sea música que logres reconocer). Hay algo veraz en esa forma de experimentar el sonido, así como creo que hay algo veraz en las words por Beckett porque, de forma análoga, son también palabras al borde de no significar. Como si el poema (o libreto, o palabras o lo que sea que eso sea), como si el libreto, digo, estuviera siempre al borde de una negación que paradójicamente no se permite. El texto queda a la mitad, medio significando, como sin decir que el yo y el no-yo son puertas de esas de vaivén, dos puertas de dos habitaciones iluminadas, una frente a la otra que, sin tocarse, se balancean amablemente.

Y creo que ese es el punto de la pieza: así como huye el sonido de los oídos huyen también los significados de las palabras. Beckett apunta a la (im) posibilidad de que la palabra signifique, Feldman señala la (im)posibilidad de que reconozcas el sonido y, finalmente, la (im) posibilidad de ese mismo yo. Beckett y Feldman juegan aquí un juego sustractivo doble: entre sentido y silencio y entre sonido y silencio, música y texto se balancean y, más importante aún, ese tal yo (es decir tú) también. Lo interesante es que no se deciden por ninguno de los tres; ni sujeto, ni sentido, ni silencio. Ninguno. Se deciden, ambos, por cuestionarlos. Mientras Feldman lo obliga a uno estirar el oído para oír qué es lo que sustrae al silencio, Beckett construye textos que obligan a retraerse y preguntar por el significado de las palabras y el sentido de nosotros mismos; mamá hizo lo mismo cuando salió de la cocina a oír lo que sonaba, y luego ponerme en duda.

Aún me gusta la música satánica, mamá.


La traducción de  Neither es de Alejandro Ramírez y mía. Quiero agradecerle infinitamente a Alejo que se sentó conmigo media tarde a traducir y discutir esta pieza rara de Beckett. Un abrazo perrito :*

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