Ríomalo por Ríomalo

Contra la demencia

Como en las epidemias de baile del medioevo, la tradición parece arrastrar con un ritmo delirante cada pieza que compone la experiencia humana. No pienso en una tradición escrita, archivística o fundacional. Olvidemos la noción estática (o tradicional para el que goce de las ironías). Sugiero la imagen del baile porque justamente ese movimiento constante permite considerar otros saberes que derivan en la operación física de conceptos: los oficios. El aprendizaje del oficio es un juego creativo en donde se oscila vigorosamente entre la potencia y el placer: la posibilidad mental y física de crear objetos y el gesto placentero que produce la acción y culminación.

En apariencia de espíritu fugaz, la ubicación de datos en la internet exalta en muchas ocasiones prácticas enmarcadas en la noción más conservadora de tradición, en el sentido que favorece el desplazamiento del aprendizaje de la práctica a la fidelidad hacia el archivo. ¿Cuántos cursos sin terminar tenemos en Coursera? ¿Ya silenciaste las notificaciones de Duolinguo? Empero, confiamos ciegamente en que los datos estarán ahí a nuestro alcance siempre y cuando haya conexión.

El fin de semana estuve visitando Imprenta Rescate, mientras aprendía sobre la composición e impresión de textos con tipos móviles. Leandro, su fundador, explicaba que el nombre cargaba varios significados. Uno de ellos es justamente su intención de rescatar del olvido una práctica que en la producción comercial ha perdido eficiencia y por tanto vigencia. En italiano existe dimenticare, un verbo que sirve para denominar el acto de olvidar y cuyo origen se remonta a los verbos latinos dimentare (hacer salir de la mente) y dementire (estar fuera de la mente). El que dimentica no olvida involuntariamente sino que se entrega al acto del olvido. La idea de progreso descansa en esa premisa, en una suerte de demencia práctica. No es gratuito el término, pues deriva de demens, aquel que está fuera de su mente, que ha perdido la razón. Sin embargo, a través de un día de trabajo en taller sentí revivir el movimiento entre posibilidad y concreción. Después de componer una matriz y ver cómo salían veinte copias en papel sentía que la disociación entre trabajo y aprendizaje se acortaba. Al ocuparme de todo el proceso no daba por descontado ningún carácter, ni la tinta ni los espacios en blanco. Un día de trabajo me permitió rescatar e interiorizar el concepto de vocación. En palabras de Agamben, aquello que está en el cruce entre lo remoto inmemorial y lo inolvidable.

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Daniel Ríomalo

Despertando al Rey Tinta. Viviendo en Buenos Aires

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