Colecciones: Ruinas y Abandonos

La ciudad es una selva de realidades en una constante cinética particular, de pulso, a veces sin aliento. No todas llegan a mantenerse. En esta colección veremos fachadas y lugares que mantienen un grado esencial de abandono—en su estado y construcción—los cuales son vistos desde las cámaras de Juan Dávila, Daniela Méndez y Camilo Calderón.

A manera de borde propio de una fortaleza, este largo bocadillo de concreto rodea un conjunto contemporáneo de apartamentos mostrando su abandonada fachada, la cual nos trae tantas capas de información como fuera posible. Desde una tienda de avisos hasta una escuálida oficina de capacitación lectora—capas que nos recuerdan historias ahora cubiertas por el óxido, el latón pintado y el almidón de yuca de los avisos arrancados.


Muchos portones de local entraron en abandono con la expansión de la mal llamada ”zona de tolerancia” y este es uno de ellos. Uno con varias capas que son el resumen de una batalla de manifiestos visuales—unos como micción social materializada en aerosol, otros como un manifiesto profundo para que todos piensen más allá. De esto último, un lagarto—de las altas cortes—nos mira con confianza; un lagarto que sabe que actúa a espaldas de los ciudadanos de a pie.


Ejemplos como estos vemos en cada recorrido al centro capitalino: casonas con escudos de armas que son el campo de pruebas para los artistas de la demolición. El cambio, inevitable en muchos casos por el riesgo de ruina, nos llama a una perseguidera que para muchos es solo el paso de un telón al otro. Un telón como este, que mira silencioso el espectáculo en los semáforos a diario.


Todos podemos tener un tío así. Y es que este es un homenaje a estos seres—protuberantes de panza y convexos en Arquitectura—y sus quijotescas aspiraciones constructivas; experimentales y arriesgadas, como si se tratara de una carrera por llegar más alto con las manos propias y sólo un puñado de ladrillos. Este mutante es un arte en su construcción—ahora, un lastre constructivo en el olvido urbanístico.


Esta fachada nos llamó la atención, no porque estuviera en abandono o porque nos llevara a otra experiencia sobre el absurdo escenario que es la ciudad, sino por el paralelo con su pasado—como aviso importado directamente de otros tiempos más coloridos y energéticos, que ahora es grisáceo y tosco—con el ahora, que no es más sino una firma ilícita—que en su defensa, es más multicolor que los sueños atrapados en el pasado de esta discoteca.


Hay pasados que a veces no merecen ser vistos. Después de innumerables problemas con habitantes de la calle, los propietarios de este lugar decidieron copiar una de las obras de arte más vistas en el mundo: La puerta hecha pared. Sin marcos, ni orificios, esta fachada no es más sino una gran barrera a lo que sería un aire de oscuridad—desperdiciado, cuyas historias son olvidadas con cada día que alguien no se atreve a romper el muro para ver lo que hay detrás.


Para algunos, desde afuera este local parece bastante obvio. Queremos informarle que se trata de una lavandería y tintorería. No obstante, su fachada es un suspiro de una ruina: Su marco interior el vuelo crudo de una casa hecha sin licencia, sus puertas un aditamento que salió de la nada y su ”parqueadero”, la barrera entre esos dos universos—el del edificio inhabitado y el resguardo que ahora es un local comercial.


Al empezar esta serie teníamos la idea de buscar grandes desaciertos constructivos. Circundando el sector colonial nos encontramos con esta expresión de lo que podría ser una ”extensión de la estructura informal”. Al comienzo parecía una fotografía girada; luego supimos que se trataba de un daño estructural, inherente al desplazamiento de los cimientos—es decir, de cómo una serie de malas decisiones, puede dejar sin fachada a muchos en término de segundos.


En esta pared surgió la gran pregunta sobre los misterios del abandono: ¿Es un lugar en ruina, un lugar que deba no ser visto por la voluntad de sus propietarios? Al ver este latón doblado a medias, detrás de las rejas cruzadas, solo nacieron las ganas de ver lo que hay—y habita—dentro.


No es novedad; sin embargo, para muchos sigue siendo un misterio. En muchas fachadas propias del olvido encontramos este aviso y no sobra explicarlo: Se trata de revendedores piratas de un juego sobre inversiones—con un tinte de monopolio. Lo que empezó siendo un misterio, hoy día es un simple aviso publicitario carente de presupuesto.


Fotografías de Juan Dávila, Daniela Mendez y Camilo Calderón

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Revista El Cachaco

Perfil Editorial de la Revista El Cachaco. Somos una circulación reflectiva del ímpetu observador cachaco proyectada en una fuente de periodismo literario a nivel local.

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